Tardes de infancia, melodía de añoranza
Muchas veces me repetí volver al lugar que me vio nacer.
Poco hay de lo que una vez fue,
solo en mis memorias vuelve a renacer.
El domingo se acercaba y desde mi puerta en la casa de colima,
Observaba el cruce donde el autobús me llevaría después del próximo día.
Impaciente al amanecer despertaba,
Emocionado esperaba la hora de mi salida.
Mi próxima parada… Atenquique, Atenquique de mi alma.
Eterno era el tiempo que duraba el camión en cada parada.
Deseaba que el chofer no se detuviera para reducir mi tiempo de espera.
Ansiaba el olor a aventura, bajaba después de la primera curva y mi emoción crecía.
Llegaba a la glorieta de la entrada y veía el verde campo, donde me divertiría, viendo tal vez un partido entre el pañarol y el Atenquique, clásico.. Clásico…
Pasaba lentamente y atravesaba el puente Sanjurjo deteniéndose junto al puesto de tortas donde terminaba mi espera.
Saltaba el último escalón e inmune al olor, suspiraba como si el aire fuese a terminar, había que disfrutar de mi hogar.
Siempre al llegar, mi vista se centraba en lo alto del lugar, disfrutar el descenso de la vista desde el texcalame, eso era disfrutar.
Cruzaba la calle y esperaba el sube y baja, iría a la unión.
No siempre mis primos me esperaban, siempre de sorpresa bajaba del camión.
Y ahí estaban, siempre esperando a diario la grandiosa infancia llena de diversión.
Corríamos al frontón donde los mayores se enfrentaban uno a uno, contra el paredón,
Mientras nosotros nos dábamos en la alberca un gran chapuzón.
A veces al rio antes del Mesón, o al campo del mismo lugar mientras una cascarita hubiera, eso, eso era lo mejor.
Había muy poco tiempo y lo deseaba aprovechar, ese mismo día había que regresar.
Esperaba el sube y baja y lo volvía a abordar, hasta el poblado debía llegar, un parque hermoso… un bello lugar.
Desde ahí la vista era espectacular, me fundía en el ambiente en mi deseo de volar.
Nostálgico pero maravilloso es recordar, Cada rincón de ese pequeño lugar.
Regrese en el sube y baja hasta el cine llegar, y desde ahí caminaba hasta otro lugar.
El mercado recorría hasta la tortillería, regresaba y siempre leía el letrero que 10kph. Decía.
Viví la mejor infancia, no lo puedo negar.
Corriendo entre el cobijo de ese mágico lugar, soñando en siempre poder regresar.
Atenquique del alma, por tus calles empedradas…quiero caminar.
PARA RECORDAR
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