Un Saludo es suficiente par saberme vivo y seguir caminando.

jueves, 19 de mayo de 2011

Desde mi Ventana

Frente a mi una imagen de una gran ladera, cubierta de pasto que semeja alfombra y al final de la pendiente, una pequeña cabaña. 
En medio de la nada y del todo, como si hubiese nacido de la tierra, fundida entre el verde intenso de las montañas. 
Mas aya del Valle, la cordillera de Montañas rocosas se alzan hasta tocar las nubes. 
Mas acá, los caminos como pequeñas cuerdas resaltan de entre la alfombra de césped.
Desde aquí se respira una gran calma. sin el barullo de las masas, sin el inquieto ir y venir del inconsciente humano. Desde aquí parece de Juguete, parece una hermosa maqueta, pero no cualquier maqueta, tal vez la del mejor Arquitecto,

En la planicie los ondulados morros explotan pinos y pasto alto, como pequeños mechones.
Todo es verde intenso, todo converge en un hermoso lienzo, que si no fuese por los iconos de mi escritorio, me vería ahí jugando como un niño travieso.

Lástima que este tan lejos, otro país , otra ciudad, otro mundo.
Cerraría los ojos para estar en ella, pero entonces ya no la vería, y la ultima tristeza es verla desde esta distancia. encajonada en mi ordenador donde la puedo visitar y no desaparecerá con certeza.
Solo queda el recuerdo en mi pupila, Los matices, los olores y el sentir de su textura , terminan al apagar mi ordenador y mi escritura.

®Jorge L. Sánchez

lunes, 9 de mayo de 2011

En Westwood


Las calles del pueblo brillan con la intensidad de la abundancia. Los mercaderes intercambian, compran y venden todo tipo de objetos frutas, semillas, vasijas, oro, plata y un sinfín de cosas en un mar de melodías, gritos y sonrisas. Los olores de la verbena se mezclan con el ambiente fresco de la montaña transformada en primavera.
Aquí en Westwood todas las estaciones son maravillosas. Los veranos alegres y vivaces tapizan la playa de visitantes que pintan los pueblos de colores ocres y dorados. Los sombreros de paja parecen flotar entre las multitudes que se apilan a las orillas del malecón, entre gritos y risas, y en el océano como pequeñas basuritas, flotan cientos de veleros y barcos de vela. Es el tiempo del sol, es el tiempo de las tardes con maravilloso esplendor.
Después viene el otoño. Los arboles se vuelven viejos y sobre los caminos las hojas forman alfombras donde todos los niños corren y se ocultan para celebrar la próxima llegada de las noches de cristal. Los mejores ocasos se muestran en el otoño y el cielo como árbol sin hojas muestra su esplendorosa belleza, limpia y pura sobre las lumbradas a la orilla de la playa blanca.
Y por ultimo antes de la estación favorita, el invierno envuelve Westwood con su sutil frío que reúne a las familias y las funde en un agradable cobijo. Es temporada de recordar los sucesos de las estaciones pasadas, es temporada de reordenar nuestros planes para recibir de nuevo, la hermosa primavera.
Y hoy que está aquí hacemos de este tiempo el tiempo de la armonía en un pueblo donde la felicidad nunca termina.

Fragmento de mi Libro. (El cuerno del Infierno)  ®Copyright  Jorge L. Sánchez