Porque todo lo que fue volverá a ser
en el infinito ciclo de la existencia. (JlS.)
Perdí la cuenta del ayer, cuando solo por fuerza inercica
miraba el jarrón de cristal lleno de semillas grisáceas jaspeadas.
Lejos de la reseca tierra fuera del limite de mi jardinera.
escondía un poder inmenso de vida.
escueto como el corazón del desierto
propio del habitad en el que duermo.
Pero el ultimo día que pase sin forzar la mirada,
pude ver lo que el jarrón reflejaba.
Era mi rostro fijo indeciso con una expresión rara.
No pude resistir la tentación y las saque
de su prisión acristalada.
Puse un puñado en la palma de mi mano
y fui a rascar el pequeño desierto
fuera de mi morada.
No pensé solo actúe, a fin de cuentas
en esa jardinera no había nada,
solo los restos de un viejo cactus
con un hueco que desde su piel hasta sus huesos llegaba.
Punta abajo las fui clavando,
cuidando su armadura no sufriera daño.
Estube ahí varias madrugadas esperando la señal,
la señal de vida o de su tumba cerrada,
y después de otras cuantas
disfrute la enorme sensación de su brote de vida desesperada.
Salían por montón queriendo respirar
y abrir sus almas al viento
susurrante de la madrugada.
Se que no fui yo quien les dio la vida,
pero seguro estoy que Dios, uso mis manos
haciandolas crecer día con día.
Satisfecho estoy de ser el instrumento
del infinito ciclo el la existencia y viceversa.
Aunque solo sea un Girasol,
se que que algún día alguien mas plantara esa semilla.
Jorge L. Sánchez
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