Foto: jose_campoy
Hoy quise escuchar la voz de la madrugada, hoy quise ver los brillos nocturnos antes de iniciar el alba.
MI horario regular inicia a las ocho de la mañana, pero el sábado en particular retrocede una hora aunado a otra que es el horario de mi esposa, así que al cuarto para la seis, la dejo a la puerta en su lugar de trabajo y yo no veo el caso de regresar a casa. me dirijo al mío aunque sea una hora mas temprano.
Por unos segundos después de dejar atrás el beso, la despedida y la bendición de mi esposa, enciendo la radio tratando de encontrar una frecuencia agradable que me acompañe hasta mi destino, pero después de varios pulsos sobre el botón, solo encuentro frecuencias cruzadas y distorsionadas. Tal vez no busque bien, o tal vez no quise encontrarlas. Presioné el botón de apagado y me dispuse a viajar en silencio.
La sensación fue mas agradable, los ruidos tenues del viento fresco sobre mi hombro entonan susurros de madrugada, y si pones atención escuchas el coloquio entre las lineas de las huellas de tu auto.
El silencio aunque callado suele ser hermoso, sobre todo de madrugada. La velocidad no importa, tengo dos horas para llegar a mi trabajo y nadie tras de mi me exige acelerar mi auto. No hay bullicio mañanero, no es la hora de los flojos. donde todos piensan que su destino es mas importante que el de cualquiera. No hay gritos de claxon que ensordecen, tal vez por eso la radio es el habito que te aísla del entorno incomodo. Después de la tercer cuadra salgo del fraccionamiento para introducirme en la autopista. Normalmente me detengo en el entronque esperando un minúsculo espacio entre cada oleaje de autos para velozmente, unirme e la manada, pero hoy me doy el lujo de entrar con calma, elijo un carril y luego el otro y a lo lejos apenas se dibuja la luz de otro auto que lentamente se desliza por la madrugada. Tres semáforos en intervalos de cinco kilómetros hay hasta mi salida de la autopista.
Al llegar al primero, la luz roja me detiene y el ronroneo de mi camioneta se retarda poco a poco como tomando un respiro. Mientras espero, deslizo los cuatro vidrios de las ventanillas para dejar entrar el aire fresco, cosa que ni de broma haría en la hora del tiberio, pero esta no es su hora y relajo mi paz.
La luz verde aparece y sin prisa avanzo los siguientes cinco kilómetros y al llegar al segundo semáforo, las prisas del voceador despiertan mi inquietud por un momento y pienso. ¿porque esa prisa, si la calma es mejor?, pero mi tiempo no es el de el. Lo sigo con la vista mientras de contrabando leo el encabezado y despees el lo esconde bajo su brazo, yo solo río un poco.
Continuo con mi ruta y a la salida de la autopista las sombras de los arboles en los camellones comienzan a bañarse de un tenue dorado. Muy tenue.
Llego al las calles del centro y doblo a la derecha por una arteria desde donde la plaza de toros presume su altura y recibe los primeros rallos de sol, pero aqui abajo aun hay bruma y silencio.
Mi destino esta cerca y la madrugada asecha, el alba reaparece, el bullicio renace,
El silencio Muere y el sol aparece.
Ya es de día, hay que continuar que pronto oscurece.
Jorge L. Sanchez

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