Pero antes del inevitable ocaso, los últimos veinte segundos, podía observar la mas maravillosa escena de luz que se dibujaba sobre el cielo y la tierra.
Solo yo y mi girasol éramos testigos de la caída del sol.
Suena muy cursi, Pero de que otra forma piensa un niño?
Sobre el símbolo del rito
carga su manto dorado
baña de luz el poblado
y pronto se ira a otro lado
Tal vez le toque descanso
Tal vez al verlo lo espanto
Tal vez debo orar
o hacerle un canto,
o no regresará mañana
y el campo se hundirá en llanto!
A veces pienso que no debiese irse, pero hasta yo, debo cerrar mi ciclo
como el gran ojo de dios, el Sol deja de ser testigo.
De mis corridas diarias, de mis juegos divertidos,
de mis llantos bajo el roble, de mi pasión por la tierra,
de mi girasol tan noble, que agacha su cara y despide a su dios
que mañana lo esperará salir, sobre el nuevo horizonte.
Y yo, desde mi columpio impaciente.
®Jorge L. Sánchez

1 comentario:
Hola George!!! Ya extrañaba leer sus palabras, que bueno que ha regresado, y este texto es muy bello, siento en el algo de añoranza, propia al evocar recuerdos. Gracias por compartirlo con el mundo.
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