Por: Claudia Sánchez
Ya había comenzado a atardecer, me di cuenta porque el cálido sol reflejaba su brillante luz frente al parabrisas de mi auto mientras conducía de regreso a casa después de un largo y difícil día de trabajo, me sentía presa del cansancio y un tanto abatida por las dificultades que se presentan en nuestras vidas a diario; transitaba por la ya conocida ruta interminable de negocios y casas tratando de distraer mis pensamientos que se tornaban cada vez mas un tanto pesimistas, fue entonces cuando me di cuenta de que estaba cayendo en una de esas crisis de depresión, traté de evadirla, pero ya era un poco tarde para eso, observaba a la gente que caminaba sobre las aceras, a los conductores de los demás autos que frente a mi se cruzaban en cada señalamiento luciendo en sus rostros sonrisas que esperaba que de alguna forma no fueran fingidas, ¿qué era diferente en ellos? Me preguntaba a mi misma, esperando que ellos fueran más felices que yo en ese momento, sentía que me faltaba un poco el aire, así que baje la ventana de mi lado y respire profundamente el cálido aire y seguí conduciendo tranquilamente tratando de llegar a mi destino. Intente cambiar mi desmoralizada expresión y pensar en algo positivo, de pronto, casi al llegar a la siguiente esquina observé que me acercaba a otro alto, sabía que debía detenerme, así que baje la velocidad suavemente, al crucé del alto sobre la siguiente calle, se encontraba un hombre muy mayor, de cabello bastante canoso, usando unas grandes gafas de aumento y estaba sentando en una vieja silla de ruedas, la cual estaba cubierta por un improvisado techo pequeño de lona color naranja para cubrirse de los rayos de sol que para esa ahora comenzaban a menguar, junto a él, un pequeño montículo de periódicos y revistas para vender, el anciano estaba en medio de la calle, justo sobre la línea que divide los dos carriles de transito, pensé que su posición era algo peligrosa, pero solo hice mi alto y proseguí derecho lentamente hasta situarme obligatoriamente junto a él por unos instantes, estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no le di mas importancia a su presencia, cuando de pronto el hombre articulo una palabra en volumen alto, que para mi sorpresa era lo que yo necesitaba escuchar precisamente en ese momento, pero lo extraño era que provenía de una persona que no tenía nada que ver conmigo, no me conocía, ni mucho menos sabía de mis preocupaciones o problemas, la palabra que dijo era “Ánimo”, me sentí mal al instante porque yo ni siquiera me tome la molestia de voltear a mirarlo o ver lo que vendía, pero ese hombre con quizás muchos mas problemas que yo, muchos más obstáculos que vencer cada día, se tomaba la molestia de desearles a los conductores que al igual que yo transitaban por esa ruta que tuvieran “Ánimo” para seguir adelante, fue entonces que comprendí que talvez era eso, que las adversidades que a veces nos acontecen, nos hacen más fuertes, tanto que cuando ves a otros en las mismas o peores situaciones, te puedes parar frente a ellos y desearles que tengan “Ánimo” para superar sus dificultades, porque así como uno como persona logra vencer sobre ellas, sabes que los demás también pueden, pero solo necesitan eso, “Ánimo”, para seguir adelante, desde lo mas profundo de mi corazón le di gracias a Dios por ese momento de sabiduría, y le di también gracias a ese hombre en silencio por darme esa palabra de aliento, porque ya a esas alturas me encontraba lejos y no pude hacerlo mientras me encontraba junto a él, además había más autos detrás de mí, así que seguí conduciendo hasta llegar a casa, sin embargo, al bajarme del auto me sentí con una nueva actitud, con más fuerzas de seguir adelante y sentía como si una puerta que creía cerrada se hubiera abierto al instante en que el anciano pronuncio aquella palabra.
Al día siguiente cuando volvía a casa, tomé la misma ruta del día anterior con la esperanza de verlo y de alguna manera comprobar que realmente existía y que no había sido producto de mi imaginación y talvez con un poco de valor expresarle mi gratitud por aquella positiva palabra, pero cuando llegué al lugar, no lo encontré, me sentí un poco mal por eso, pero seguí mi camino, aunque lo intente en los días sucesivos, pero seguía sin haber rastro de aquel hombre y me resigne a no volverle a ver, pero por primera vez en toda mi vida, entendí el verdadero valor de una sencilla palabra que a nadie nos cuesta mucho pronunciar de vez en cuando, la verdad no necesitamos ver a alguien totalmente abatido para brindársela, talvez todos la necesitamos sin darnos cuenta, nunca estará de mas desearle “Ánimo” a nuestros parientes, amigos y compañeros de trabajo.
Se preguntarán si ese momento fue real, la verdad es que si lo es, ese hombre en realidad existe, lo volví a ver otra vez mucho tiempo después, aunque ahora le he visto mas frecuentemente, él siempre con una enorme sonrisa dibujada en el rostro y siempre con algo positivo que decir, si esa es su misión en esta vida, que Dios lo bendiga por enseñarnos a dar de una forma distinta. No había pensado en ese momento desde entonces, pero afortunadamente ese momento vino a mi memoria recordándome lo importante que es seguir adelante y no dejarse abatir por las adversidades, pero lo más importante es que también me recuerda que tengo maravillosos amigos que al igual que aquel hombre me dan “ánimo” a diario de distintas formas, preocupándose por mi cuando ven que actúo diferente a lo normal y se toman la molestia de preguntarme como me encuentro, sin saberlo a diario todos nos convertimos en instrumentos de Dios al ayudar a otros, por eso pienso que mis familiares y amigos son una gran bendición, y espero poder llegar a ser para ellos lo mismo cuando lo necesiten y darles ese “ánimo” que a todos sin excepción nos hace falta.
Agradecimiento especial para mi Amiga Claudia Sánchez, por arrancar un fragmento de su ser y plasmarlo en este excelente relato.
Atte. Jorge L. Sánchez (La mejor manera de disfrutar la existencia es, Compartiendola)

2 comentarios:
Listo Claudita!! ve como se desborda su talento?, sabia que era cuestión de enfocar la luz a ese diamante para que reflejase esos bellos colores,
vamos! Animo! y Adelante. :-)
Gracias por ayudarme a compartirlo con las personas George, me gustó mucho la imagen y tambien sus comentarios, es usted un gran amigo y un gran escritor tambien.
Paz y Amor
Atte. Claudia "The Beatle"
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